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ISO 37001 en Mercados Emergentes

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La ISO 37001 es la respuesta de la Organización Internacional de Normalización a la necesidad global de contar con un estándar único y aplicable a cualquier tipo de organización para combatir la corrupción y el soborno. Elaborada con la participación de representantes de más de cincuenta países, la norma emplea un lenguaje sencillo y accesible cuya filosofía central es impulsar la «buena práctica» anticorrupción, proporcionando evidencia objetiva de que la organización dispone de un programa real y auditable en esta materia. Entre sus exigencias clave destacan el compromiso explícito de la alta dirección, la elaboración de una política anticorrupción, la construcción de una matriz de riesgos, la aplicación de controles específicos sobre las áreas financiera y comercial, y la extensión de esa cultura de integridad a empleados, socios, proveedores y subcontratistas. Un aspecto especialmente relevante para los mercados emergentes es que la norma está diseñada para ser asumible incluso por organizaciones de mediano tamaño con recursos limitados, lo que la convierte en una oportunidad para certificar programas anticorrupción con una inversión razonable y, al mismo tiempo, reforzar el valor de marca. El artículo concluye señalando que el mayor impacto vendría si los gobiernos —nacionales, regionales y locales— exigieran la certificación en ISO 37001 como requisito para participar en licitaciones públicas.

La aplicación de la norma ISO 37001 en mercados emergentes

Desde hace unos años se viene trabajando en la lucha contra la corrupción y el soborno a nivel global, lo que hizo necesario crear una norma que se pueda aplicar a nivel mundial. La cual debiera lograr la viabilización de implementación y su posterior certificación de  un sistema anticorrupción aplicable a todo tipo de organización.

De ahí que la Organización Internacional para la Estandarización (ISO) crea la norma ISO 37001 “Sistema de Gestión antisoborno/corrupción”. En dicho diseño, análisis y creación, participaron representantes de más de cincuenta países.

Todo lo que necesitas saber sobre la nueva ISO 9001:2026

La ISO 37001 utiliza un lenguaje sencillo y de fácil interpretación. La filosofía es que las organizaciones la utilicen para trabajar sobre la “buena práctica” en lo referente al tema anticorrupción y soborno. Las organizaciones que así trabajen, podrán mostrar evidencia objetiva de que cuentan con un programa de lucha contra la corrupción. Para su diseño, se tomaron en cuenta directrices de todas las normas que ya existían en la materia.

La norma facilita minimizar y/o permite eliminar el riesgo de corrupción-soborno, ya sea de forma indirecta o directa, de sus empleados, socios de negocios, subcontratistas y proveedores. Lo que de forma anexa repercutirá paulatinamente de forma favorable en cada una de las partes.

Para las empresas de mediano porte con recursos insuficientes para certificar procesos más completos bajo otros estándares existentes, la ISO 37001 les da la oportunidad de contar con un programa de lucha contra la corrupción/soborno, con una inversión razonable. Y además le suma valor a la “marca”.

Medidas

Algunas de las medidas que la organización debe implementar:

  • Contar con una política anticorrupción.
  • Establecer procedimientos de investigación e información.
  • Designar al equipo o persona que sea responsable de supervisar y velar por el cumplimiento de todas las medidas adoptadas.
  • Crear una matriz de riesgo en la materia y aplicarla al negocio.
  • Comunicar los riesgos y su control a empleados, socios de negocios, subcontratistas, proveedores y cualquier parte detectada como “interesada”.
  • Adoptar controles (particularmente) sobre el área financiera y comercial.

Requisitos

Requisitos principales:

  • Compromiso pleno de la alta dirección y/o dueños.
  • Analizar e inventariar las expectativas y necesidades de los stakeholders en referencia a este riesgo.
  • Implementar controles para este riesgo.
  • Trabajar sobre la “cultura” de lucha contra la corrupción en todos los niveles de la empresa (sensibilizar, controlar e informar).

Sería de gran aporte si los Gobiernos nacionales, provinciales y municipales comienzan a exigir, por ejemplo, para participar en una licitación, que las empresas estén certificadas en ISO 37001.

Las organizaciones tienen una gran oportunidad: encabezar el “cambio” y trabajar en y bajo otra perspectiva cultural, no solo declamar, sino luchar contra la corrupción y el soborno.

Beneficios de ISO 37001 para las empresas en mercados emergentes

Los mercados emergentes presentan, por definición, un entorno de mayor exposición al riesgo de corrupción y soborno. La inestabilidad regulatoria, la debilidad institucional y la dependencia de redes de intermediarios hacen que las organizaciones que operan en estos contextos necesiten mecanismos de control más robustos, no más frágiles. Es precisamente ahí donde la ISO 37001 despliega su mayor potencial.

Un programa anticorrupción al alcance de organizaciones de todos los tamaños

Uno de los beneficios más relevantes de la ISO 37001 en mercados emergentes es su accesibilidad. A diferencia de otros estándares de cumplimiento que requieren estructuras legales y de auditoría de gran envergadura, esta norma está diseñada para ser implementable con una inversión razonable, incluso en organizaciones de mediano tamaño con recursos limitados. Esto permite que empresas que operan en países en vías de desarrollo puedan certificar un programa anticorrupción real y verificable sin necesidad de contar con departamentos de compliance de gran escala.

Reducción del riesgo en toda la cadena de valor

La norma no se limita al interior de la organización. Su alcance se extiende a empleados, socios de negocio, subcontratistas y proveedores, lo que permite minimizar el riesgo de soborno tanto en las operaciones directas como en las indirectas. En mercados donde la intermediación es habitual y los controles sobre terceros suelen ser más laxos, este enfoque supone una ventaja operativa de primer orden. Una organización certificada en ISO 37001 puede demostrar ante sus grupos de interés que los controles anticorrupción no se detienen en la puerta de su sede, sino que impregnan toda su red de relaciones comerciales.

Fortalecimiento de la cultura organizacional

Más allá de los procedimientos y los controles documentales, la ISO 37001 exige trabajar sobre la cultura interna de la organización. Sensibilizar, formar e informar a todos los niveles de la empresa sobre los riesgos del soborno y las consecuencias de incurrir en él genera un efecto preventivo mucho más duradero que cualquier política escrita. En contextos donde la corrupción puede percibirse como una práctica normalizada, construir una cultura de integridad desde dentro constituye un diferencial competitivo y reputacional de largo plazo.

Mejora del acceso a financiación e inversión internacional

Las organizaciones que operan en mercados emergentes y aspiran a atraer inversión extranjera o acceder a financiación de organismos multilaterales —como el Banco Mundial, el BID o la Corporación Financiera Internacional— se enfrentan a escrutinios cada vez más exigentes en materia de integridad y cumplimiento. Contar con la certificación ISO 37001 ofrece una señal clara y verificable de que la organización opera bajo estándares internacionales reconocidos, lo que facilita el acceso a esos recursos y reduce las barreras de entrada en mercados más regulados.

Protección ante sanciones legales y daño reputacional

En un entorno global donde las legislaciones anticorrupción se endurecen de forma progresiva —y donde los escándalos de corrupción se propagan en tiempo real—, disponer de un sistema de gestión antisoborno certificado actúa como evidencia de diligencia debida. Ante una investigación o un procedimiento sancionador, la certificación ISO 37001 puede ser determinante para demostrar que la organización ha adoptado medidas razonables y sistemáticas para prevenir conductas ilícitas, con el consiguiente efecto mitigador sobre las sanciones aplicables.

ISO 37001 como ventaja competitiva en licitaciones y relaciones de negocio

En un entorno empresarial donde la transparencia y la integridad se han convertido en criterios de selección tan relevantes como el precio o la capacidad técnica, la certificación en ISO 37001 ha dejado de ser un diferencial opcional para convertirse en un requisito implícito en muchos procesos de contratación y colaboración. Las organizaciones que ya cuentan con ella lo saben: abre puertas que de otro modo permanecerían cerradas.

Un argumento de peso en la contratación pública

El artículo apunta a una tendencia que ya es realidad en varios países: la exigencia de la certificación ISO 37001 como condición para participar en licitaciones públicas. Cuando las administraciones —ya sea a nivel nacional, regional o municipal— incorporan este requisito a sus pliegos de condiciones, las organizaciones certificadas acceden automáticamente a un conjunto de oportunidades del que quedan excluidas el resto. En mercados emergentes, donde la contratación pública representa una parte significativa de la actividad económica, esta ventaja se traduce directamente en mayor volumen de negocio y menor exposición a la competencia desleal.

Más allá de la exigencia formal, la certificación también proyecta una imagen de solvencia ética ante los evaluadores. En igualdad de condiciones técnicas y económicas, una organización que puede acreditar un sistema de gestión antisoborno auditado y certificado genera mayor confianza que una que no puede hacerlo.

Credibilidad ante socios, clientes e inversores privados

La ventaja competitiva de la ISO 37001 no se circunscribe al sector público. En las relaciones entre empresas privadas, la certificación funciona como un aval de integridad que simplifica los procesos de due diligence y reduce la percepción de riesgo por parte del socio o cliente. Las grandes corporaciones multinacionales que operan en mercados emergentes someten a sus proveedores y socios locales a auditorías de cumplimiento cada vez más exhaustivas. Contar con la ISO 37001 supone acortar ese proceso y presentarse como un interlocutor de confianza desde el primer contacto.

Del mismo modo, los fondos de inversión con criterios ESG y los inversores institucionales valoran positivamente la certificación a la hora de evaluar el riesgo reputacional y regulatorio de sus participadas. En un mercado de capitales donde la sostenibilidad y el buen gobierno corporativo pesan cada vez más en las decisiones de inversión, la ISO 37001 aporta una señal verificable de que la organización gestiona activamente uno de los riesgos más difíciles de cuantificar: el riesgo de corrupción.

Un elemento de diferenciación que añade valor a la marca

La certificación ISO 37001 no solo protege a la organización frente a riesgos externos; también construye marca desde dentro. Las empresas que la ostentan pueden comunicar con legitimidad su compromiso con la lucha contra la corrupción, integrándolo en su propuesta de valor, en sus memorias de sostenibilidad y en sus comunicaciones corporativas. En mercados donde la desconfianza hacia las instituciones y las empresas es elevada, este posicionamiento diferencial tiene un valor que va mucho más allá del cumplimiento normativo: conecta con los valores de clientes, empleados y comunidades que exigen organizaciones con las que merezca la pena hacer negocios.

En definitiva, la ISO 37001 en mercados emergentes no es solo una herramienta de gestión del riesgo. Es una decisión estratégica que posiciona a la organización en el lado correcto de un cambio cultural y regulatorio que ya está en marcha, y del que no hay vuelta atrás.

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